|
|
La necesidad de cambiar la fotografía de bodas
Escribo estas páginas desde dentro y desde fuera del mero ámbito de la fotografía de bodas. Desde dentro porque trabajo la temática, desde fuera por simple origen fotográfico, si es que se puede llamar así a mi dedicación vocacional por la fotografía artística; de ella parte la idea que estructura lo que sigue.
Mi experiencia en la fotografía de bodas se limita a tratar algunos enlaces nupciales y a retratar modelos; al hablar con gente más avezada en el medio he constatado que son muchas las personas que claman por una renovación visual, lo que, no voy a engañaros, me ha supuesto un motivo de gran alegría.
Cuando vivía en Roma observaba con ironía las famosas instantáneas de los novios en el Coliseo o en el Vaticano; imágenes para toda una vida en lugares emblemáticos.
¿Dónde radica la originalidad? Me divertía todavía más cuando asistía a alguna de esas sesiones y observaba los rostros de los espectadores espontáneos: no veían a los recién casados como una pareja, sino más bien como dos seres disfrazados, más que nada porque al dar tanta importancia al hecho nupcial lo hemos convertido en un ritual simbólico exento de naturalidad.
Esa es la palabra clave. Nos la hemos dejado en el camino. Las fotos de bodas suelen ser forzadas y transmiten muy levemente el momento de felicidad que supone ese día para los que deciden aventurarse al matrimonio.
¿Vamos al sacrificio? Más que fotografías hieráticas, en el sentido que no respiran ni una chispa de movimiento, necesitamos imágenes con vida, que sepan ir más allá de la pose y captar sensaciones y la diversidad que caracteriza, tanto por el espacio como por las personas, estos enlaces.
Sé que es una tarea difícil. La imagen tradicional lleva años aferrada en el imaginario colectivo; hasta los habituales álbumes de boda parecen un homenaje a las viejas películas de Sisí Emperatriz que tanto furor causaron en los años '50. Los tiempos cambian, y el modo de concebir la fotografía, sea del tipo que sea, no puede quedarse atrás.
¿Alguna propuesta concreta ?
No se podrá concebir la mencionada naturalidad si el fotógrafo no la aplica a su actitud; no ha de ser un actor, pero tampoco un robot mecánico que aprieta el botón sabiendo de antemano el resultado de su acción. Se ha de mover, ha de vivir y hacer notar a los demás, sin olvidar que es un profesional que recibe dinero por su labor, que no es un simple captador del instante, ha de dar a entender y lograr que éste tenga algún ingrediente- sea a partir de la composición, los gestos o el tratamiento del color- suplementario que rompa a zarpazos la monotonía.
El tópico dice que la existencia es como una gran obra de teatro. ¿Qué es una boda? Un gran acto escénico con trascendencia social. Hagamos de él, pues las imágenes son para que ese día se recuerde, algo diferente y que se convierta en algo divertido sin caer en la grosería; quizá así logremos que el telón se mantenga alzado por mucho tiempo.
Jordi Corominas i Julián
|