Procura que el dÃa de la boda no tengas más que hacer que ir a la peluquerÃa y disfrutar de cada segundo. Antes de que te peinen, date una ducha o un baño con agua calentita que ayuda a relajarse. Ponte crema del olor que más te guste. Empieza a vestirte dos horas antes de la hora programada para salir de casa. Y rodeate sólo de una o dos personas.
No tengas prisa por terminar, imagina que es un ritual y que, cómo los toreros, si se hace bien, la faena será estupenda. No dejes que nada te soliviante o te preocupe. Hoy más que nunca tendrás que respirar antes de contestar. Una vez que tengas el vestido puesto, el fotógrafo te hará fotos poniéndote el tocado. Deja que haga su trabajo y continúa como antes, imagina que no está, saldrás más natural en las fotos. Colócate los pendientes o los complementos que vayas a llevar. ¡Y olvida el móvil! No será la primera novia que, mientras se viste, está pendiente de si alguien le llama. Hoy no llevas ni bolso, no móvil, ni cartera, nada más que el ramo de novia en tus manos, ¿no te parece una liberación? Da los últimos toques de maquillaje si lo crees necesario. Tienes a personas cercanas a las que les puedes encargar que estén pendientes de la hora y te llamen cuando sea el momento.
Una vez terminado seguro que hay gente de tu familia y algún amigo muy allegado que está esperando para ver lo guapa que estás. Asà que vuelve a respirar hondo y hazte todas las fotos que quieras. Si te organizas bien puedes conseguir que alguien sea tu ayudante de cámara (que esté pendiente de que tu vestido siempre esté perfecto, de la hora, de sujetarte el ramo cuando sea necesario y de decirte esas palabras que necesitas para no ponerte nerviosa)







