Convivencia prematrimonial
Aunque cada vez es más frecuente que las parejas convivan algún tiempo bajo el mismo techo antes de casarse, todavÃa hay bastante gente que por diversas circunstancias, no pasa por esta experiencia. O no el tiempo suficiente.
Mucho antes de conocer al que hoy es mi marido, siempre pensé que para mi serÃa indispensable conocer a una pareja en el dÃa a dÃa, porque hay muchas cosas que, estando de novios cada uno en su casa, no se llegan a conocer. Y llegado el dÃa que hay que convivir bajo el mismo techo, surgen muchos conflictos. Por las costumbres en la casa, por el manejo del dinero, por la distribución del tiempo libre, por el sexo… La mayorÃa de ellos que se resuelven con grandes dosis de paciencia, diálogo y negociación, pero llevan su tiempo.
En los cursillos prematrimoniales, recuerdo haber escuchado que un matrimonio cristiano realmente enamorado no necesita esa ‘fase’ porque su amor y la confianza en que Dios lo puede todo basta para sacar adelante los problemas de la convivencia. Y yo creo en Dios, pero lo cierto es que prefiero cerciorarme antes de firmar nada. Porque si por alguna razón las diferencias llegan a ser tan irreconciliables que el amor no las salva, es una tonterÃa tener que romper después ese ‘contrato’ (con todos los problemas que acarrea, claro). Y además, a un matrimonio que no sea ni creyente ni cristiano aquello ni le va ni le viene, y si no se fÃan de Dios, tendrán que fiarse de algo.
Muchos familiares cercanos aún se sienten ‘extraños’ con la idea de que una pareja viva junta antes casarse (con sus distintas definiciones peyorativas, como ‘vivir en pecado’, ‘amancebamiento’ y algún que otro arcaicismo más). Pero lo que está claro es que no se puede dar gusto a todo el mundo. Y para mà lo más importante es poder estar seguro de que uno sabe dónde se está metiendo.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.









Leave a Reply