Cursillos prematrimoniales

De mi propia experiencia y aquella compartidas con cercanos y conocidos, así como testimonios que se pueden leer en cualquier foro de novios, se aprecia que los cursillos prematrimoniales son un poco como la mili: unos se lo pasan en grande, y otros prefieren ni recordarlo .

Precisamente en uno de estos foros leí la opinión de una forera que nunca se me había pasado por la cabeza, y es que los cursillos deberían ser a lo mejor también obligatorios para aquellos que se casen por lo civil. ¿Por qué? No como un castigo, claro. Si no porque el cursillo prematrimonial, si se da bien, es un período de tiempo muy bueno para reflexionar, en pareja o en compañía de otras parejas, acerca de cuestiones muy importantes que nos encontraremos en el futuro en nuestra nueva condición. Para hablar sobre las prioridades en nuestra vida, cómo nos vemos siendo padres, si estaremos de acuerdo en cuestiones de educación… para aquellas parejas que disfrutan de un alto grado de comunicación, aunque ya tendrán claros estos aspectos, nunca viene mal un ratito ex-profeso para determinar que, efectivamente, están de acuerdo en cuestiones fundamentales en los días previos a la boda.

Los cursillos prematrimoniales de la iglesia se pueden encontrar de todos los pelos: desde el tostón en el que sólo hay sermones y catecismo (que los hay), hasta aquellos de los que generalmente se encargan matrimonios de la parroquia, más que el propio párroco, y hablan desde su experiencia y proponen debates bastante animados. Algunos suelen incluir la charla de un médico, normalmente un ginécologo, para encargarse de la parte de sexualidad y reproducción.

Es importante saber que no suele ser obligatorio hacer los cursillos prematrimoniales en la parroquia donde te casas, así que bien porque sepas por otros que el cursillo no ‘va’ con tu idea de cursillo, o si no te viene bien por los horarios de trabajo (muy frecuente), se puede informar uno de donde se dan cursillos intensivos (generalmente de fin de semana) en otras ciudades, o simplemente en una parroquia donde alguien nos ha dicho que ha tenido una buena experiencia. A mí me parece importante asistir a ellos, porque si están bien enfocados, con una visión que vaya con los tiempos, es una experiencia que merece la pena. Para aquellos que se casen por la iglesia porque Dios les importa algo, es importante. Independientemente de lo de acuerdo o no que se esté con todos los principios de la iglesia católica.

Nosotros tuvimos la suerte de poder hacerlo con el diácono que nos casó, un hombre casado y que tiene tres hijos. Un hombre de Dios, enamorado hasta las trancas de su mujer, padre, implicado en la educación de muchos jóvenes, en unas clases de religión que seguro que no se parecen en nada a las que recibí yo en la EGB… una delicia. Por eso animo a todo el mundo a que busque una opción de cursillo que no le resulte una tortura ni un  mero trámite, y que lo disfruten.

Por último, apuntar para aquellos a los que vean como un trago el hecho de tener que confesarse, que una boda no tiene porque ser de misa completa, y podemos optar por una boda sin eucaristía, lo que yo creo que está especialmente recomendado para aquellos novios que, aún siendo creyentes, no son practicantes, y que no están muy de acuerdo con la confesión a un cura, tampoco. Poner de acuerdo el concepto de ‘pecado’ y ‘relaciones prematrimoniales’ es bastante complejo. Yo no me imaginaba confesándome, porque hace siglos que no lo hago, ni siento la necesidad, y muchos menos admitir que tener relaciones con el que era mi novio es pecado. Y en esto hay tantas opiniones como personas. A fin de cuentas lo que cuenta es tener la conciencia tranquila. Si algo o alguien nos tiene que juzgar, eso es a cargo de un ‘reino que no es de este mundo’.


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