El día de la boda no siempre es perfecto

Eso sería lo ideal, que lo fuera. Que todo estuviera perfectamente ultimado y rematado, que la gente se hiciera cargo del día que es y que tú no estás para tonterías, que se llegase a ese día sin riñas ni diferencias de criterio… pero cuando pasas por ello, te das cuenta de que es realmente difícil que ocurra.

El día de mi boda fue uno de los dos más felices de mi vida, hasta ahora, pero, ¿sabéis cómo empezó? Conmigo llorando. Nada más levantarme. En realidad y gracias a Dios, no por una desgracia, pero sí por el acúmulo de tensión hasta ese mismo día. Todo empezó con una tontería, porque mi suegra nos despertó muy temprano, porque teníamos los perros tanto el de ellos como el de mis padres uno en el patio de la casa y otro dentro, y su padre había sacado a uno, pero alguien tenía que sacar al otro, y no había nadie más… Una tontería pero yo me levanté sobresaltada, a disgusto, y pensando que si nadie, de una familia o la otra, podía haberse dedicado a semejante menester. Además, yo me despierto enseguida, pero a  mi chico le lleva su tiempo, y cuando quiso darse cuenta y venir a echarme una mano, yo ya estaba de pie, vestida, y con el perro en la calle.

Cuando volví a casa, tenía los ojos a punto  de echar a llorar, y él decidió que nos fuéramos a desayunar por ahí los dos solos y hablar. Me había enfadado con él por una cosa tan idiota como que le cueste espabilarse recién levantado, algo que le ocurre siempre. En realidad me molestaba que alguien no hubiera tenido el detalle de ahorrarnos el despertar de esa manera el día de la boda, y poder dormir un poquito más.

Y llevaba acumulada la tensión de las diferencias que habíamos tenido acerca de determinados invitados, cuestión en la que nosotros dos estábamos de acuerdo desde el principio, pero otros no… y me hacía tener la sensación de que ya sólo tenía ganas de que acabara ese día y listo. Poco a poco él me tranquilizó y me di cuenta de que no debía sentirme así un día tan importante para nosotros.

No sé que opinaréis vosotros, pero mi experiencia es que no hay familias perfectas ni bodas perfectas, pero por alguna gracia divina, al final, todo acaba saliendo lo mejor posible. Mi único consejo es que os abstraigáis lo más posible de las tonterías de la gente, y no os enfadéis el uno con el otro ese día. Los demás no lo van a saber ni les va a importar, pero a vosotros os dejará un regusto amargo.


You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

AddThis Social Bookmark Button


Imprimir este post Imprimir este post
Posts más comentados

Leave a Reply

Controlia