La emoción
Dos días son los que recuerdo más felices en mi vida, y en ambos lloré… el día que nació mi hermana pequeña (20 años menor que yo) y el día que me casé.
Cuando nació Julia y me la pusieron las enfermeras en brazos, antes incluso que a mi padre, lloraba tanto que ni la veía, pero no paraba de decir ‘Ay qué bonita es, no es la más bonita? qué bonita es’…
No me considero una persona muy llorona, la verdad (aunque mi madre dice que de pequeña sí lo era, y mucho :)); pero sí creo que me emociono muy fácilmente, con cualquier cosita, y más de un tiempo a esta parte (será la edad?).
Esa sensación me inundó desde que me mi marido me dijo que si quería casarme con él. Lloré como una magdalena, y a partir de ahí, desde entonces. Cuando a solas me imaginaba el momento que le tuviera enfrente, y le dijera ’sí, quiero’, se me venían las lágrimas a los ojos. Igual que el día que salimos de poner la fecha en la iglesia, cuando ya sabíamos qué día nos casaríamos.
Durante los cursillos prematrimoniales, con Juan, también vivimos momentos de gran emoción, hablando de muchas cosas, especialmente de grandes historias de amor que conocíamos, que habían superado todo tipo de calamidades, algunas incluso la muerte.
Y el día de la boda también lloré, yo creo que más que las madres o las abuelas
primero cuando entró mi padre a buscarme a donde me estaba vistiendo, y tuvimos unos momentos de confidencias a solas, que comenzaron mi ‘cataclismo’. Desde ahí hasta que llegué a la iglesia sólo podía intentar contener las lágrimas, y cuando ví a mi novio esperándome ya no podía más. Me daba igual el maquillaje y todo, porque no hay nada más agradable que saber que te estás emocionando de pura felicidad.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.









Leave a Reply