La madre de la novia

El día de mi primera prueba, estábamos eligiendo vestido para mi madre cuando entró una chica joven a informarse y a ver vestidos. Lamento haber escuchado su conversación, pero no lo podía evitar, estaba sentada a su lado. Al principio le explicó a la chica que le atendía que quería algo sencillo, y dio algunas explicaciones. Lo mejor es que veas el catálogo, le dijo la dependienta. Y empezaron a verlo. Sin embargo, la chica ponía pegas a todos los vestidos. Y yo pensaba, madre mía, el día que yo los vi me los quería probar casi todos! Lo primero que te dicen es que tienes que vértelo puesto, porque cada mujer tiene un cuerpo diferente y algo que crees que no te quedaría bien, lo ves puesto y te parece genial, y al contrario también ocurre.

Al final, dijo que su madre quería que se casara con un vestido voluptuoso con muchos adornos (el concepto de muchos adornos es subjetivo) y que habían decidido que cada una se compraría el vestido por su parte y luego ya se lo enseñarían. Y ahí la dependienta encontró un muro. El conflicto que tenía o había tenido con la madre la limitaba para elegir vestidos.

Pongo este ejemplo, pero podría hablar de muchos más. Somos muchas las que, aún llevándonos genial con nuestra madre, acabamos teniendo un encontronazo por este o aquel detalle. Y todo según caracteres. Normalmente son tonterías. Como por ejemplo, mi madre y yo hemos discutido por el adorno de las cestas que llevarán los pajes con el arroz. Increíble pero cierto. Y es que lo mejor es no pedir opiniones si no quieres oír algo que no te gusta. Hay que tener paciencia con tu madre, y ella contigo, y distanciarse de las cosas, darle la importancia que tiene y no hacer de ellas un mundo.


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