La penúltima prueba del vestido
Probarse el vestido de novia puede convertirse en un verdadero suplicio si no vas con la mente muy abierta. El día que eliges tu vestido estás muy ilusionada, sin saber por cual decidirte, cuando de repente, casi por intuición, encontrarás ese que te ha estado esperando toda tu vida. Lo mejor en ese momento es que no mires ni un solo vestido más.
Pasada la elección del vestido, llegará la primera prueba: una decepción para muchas novias. No desesperes. El vestido viene a la talla que se pidió, no a tus medidas. Será el momento en el que las modistas hagan su trabajo para amoldarlo a tu cuerpo. Te irás con un sabor agridulce, habrás visto de nuevo tu vestido pero quizás no te haya quedado todo lo bien que esperabas.
Llega la segunda prueba, que en muchos casos es la penúltima. Será entonces cuando el vestido estará hecho a ti, con tus medidas. Eso si, si no has variado el peso desde la última vez que te lo probaste. En mi caso me quedaba un poco estrecho, aunque la dependienta, mi madre y mi tía se empeñen en que me quedaba precioso. Un par de kilos menos y estaré mucho más cómoda. Así que a mi vestido no tendrán que retocarlo. Puede que en tu caso, no haya quedado perfecto o tu peso haya variado. No te preocupes, en la tienda son lo suficiente previsores para hacer esta prueba con tiempo. Tendrás una o dos más antes del gran día.
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