La segunda boda
Un argumento que se esgrime frecuentemente para tirar la casa por la ventana cuando uno se casa es el de que “es una vez en la vida”, ¿verdad? Pero tristemente, en muchos casos no es así. Las cosas a veces no funcionan y hay que volver a empezar.
Nuestra sociedad ha ido cambiando a pasos agigantados en los últimos años (para algunas cosas con más fortuna que para otras). Y aunque un divorcio o una separación siempre es algo traumático para todos los implicados –no sólo la pareja-, yo soy de la opinión de que más traumático es resignarse a vivir una vida sin amor por miedo al qué dirán. Cuando la ley del divorcio se instauró en España fue un escándalo, y ser divorciado/a un motivo de miradas de soslayo y cuchicheos. Además en un tiempo donde sólo se concebía el matrimonio por la iglesia, o sea, para toda la vida, con lo cual las segundas oportunidades sólo eran un camino de pecado. Hasta que las bodas civiles se hicieron más comunes, casarse después de divorciarse no era una segunda boda, sino más bien una boda de segunda clase. Algo sobre lo que era mejor no dar mucha publicidad. La constatación de que la primera vez había sido un fracaso. Y por supuesto, nada que celebrar por todo lo alto, sino más bien en la intimidad, si acaso.
Yo creo que afortunadamente, todo eso ha ido cambiando. Hoy en día la segunda boda ya no tiene ese estigma porque se ve como algo más normal, que puede ocurrir en la vida de cualquiera. Supongo que en muchos aspectos nunca podrá ser como la primera boda, porque la primera vez es la primera vez (vaya obviedad, ¿no?). El hecho mismo de no haber sido una buena experiencia la primera vez puede hacernos sentir que no queremos que la celebración sea igual, sino que sea más sencillo e íntimo. O quizá si tuvimos una boda muy simple (en contra de nuestro gusto) esta vez queramos “tomarnos la revancha”. En cualquier caso, si la primera vez nos casamos por la iglesia, excepto que podamos obtener la nulidad matrimonial, ya no podrá volver a ser en la iglesia, con lo cual siempre es diferente. Además, si ya en la primera boda nos regalaron más o menos cosas para preparar nuestra casa, esta vez ya no esperaremos tampoco el mismo tipo de regalos, pues se supone que cada contrayente ya cuenta con algo, al menos.
Pero todas estas diferencias no tienen por qué deslucir esta segunda oportunidad en absoluto. Puede que queramos volver a vestirnos de novia, o no, y puede ser la ocasión para comprarnos un modelito precioso que normalmente no nos compraríamos… lo importante es saber que tenemos toda la conciencia de lo que estamos haciendo y de que seguimos buscando ser felices.
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