¿Perlas? Sí, gracias
Como decía en mi post acerca de los complementos que yo utilicé en mi boda, al final no llevé perlas. A pesar de ser mi joya favorita entre todas. Todo por las tontas supersticiones. Ojalá hubiera sabido imponer mi criterio y estar por encima de ellas
Siempre me han gustado las perlas. Me parecen sencillas, y en su sencillez, de lo más elegante, e increiblemente bonitas. No me he interesado mucho nunca en las joyas, la verdad, pero si alguna vez tuviese algo que mereciera la pena, me gustaría que fuese un precioso collar de perlas.
Es curioso que nosotros hayamos rechazado las perlas como parte del joyero de una novia, pues es ir a contracorriente de la tendencia general y más tradicional en el resto del mundo. En todos los países se ven novias con perlas en las revistas de moda nupcial.
Es la gema que se conoce desde más antiguo, y todas las culturas la han asociado a la belleza, al amor y a la riqueza. Se sabe que ya los antiguos griegos las utilizaban en las bodas.
Ahora, gracias al sistema de perlas cultivadas, podemos obtenerlas de muchos precios y calidades. Y eso sí, si queremos saber si una perla es buena o no, sólo tenemos que hacer la prueba de arañarla con los dientes: si es suave y lisa, es falsa, porque las auténticas se notan un poco arenosas al contacto.
Me ha sorprendido descubrir que los collares de perlas tienen diferente denominación dependiendo de su largo, a saber: el collar es el más corto, pegado a nuestro cuello (a menudo más ancha, de varios hilos); la gargantilla se acomoda justo al nacimiento del cuello; el princesa baja justo por debajo de las clavículas; el matinée cae sobre el nacimiento del pecho; el ópera llega hasta el esternón, y el cuerda, por último, es todo aquel más largo que el ópera.
Para una novia, los largos más recomendados son los tres primeros, aunque el tipo collar es más favorecedor si tu cuello es largo y estilizado. Y con el tipo de escote con el que más lucen todos es con el palabra de honor o el barco.
En cuanto a los cuidados de las perlas, hay que tener en cuenta que son un elemento orgánico que se puede degradar. Se recomienda maquillarse y perfumarse antes de ponérselas, y limpiarlas después de cada uso con un paño húmedo suave, incluso con un poquito de jabón no agresivo. Y evitar que las perlas rocen entre ellas o con otras joyas al guardarlas, para evitar que se rayen.
Por último, os dejo un argumento para contradecir la ‘maldición’ que pesa sobre las perlas: “las perlas se hacen a base de un una pequeña partícula y se van moldeando hasta tomar la belleza y la perfección que las caracteriza, puede simular tu relación por ejemplo, algo que nació de una mirada, que comenzó como una amistad, que al paso del tiempo se fue transformando en algo maravilloso que os llevó a querer compartir vuestra vida”
Ahí queda eso
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