Primer gran dilema: ¿a quién invitamos?
Brrrrrr! si hay algo verdaderamente chungo en una boda, es la lista de invitados. Puede haber otras cosas que provoquen conflictos por desacuerdo, pero yo diría que esta es, de lejos, la peor de todas 
Parece una creencia común aquella de que si pagan los novios, invitan ellos, y si pagan los padres, invitan aquéllos. Lo cual, hasta cierto punto, podría parecer justo. Yo escribo desde mi punto de vista, desde el que me parece que una boda tiene que ser la que los novios se pueden permitir (independientemente de lo que los padres quieran regalar), sobre todo si se quiere tener toda la potestad de decidir en la organización. Habrá padres, no lo dudo, que paguen y den completa libertad de organización. Pero no nos engañemos, en todo en la vida, el que pone el dinero, manda.
Hay novios que les gustan las bodas multitudinarias, y otros a los que les gustan las bodas íntimas. Mi sensación es que los que son de la última opinión suelen ser considerados como poco menos que unos descatasdos sociales, porque cómo una boda puede ser una boda si no hay más de 50 personas?? Una boda es algo precioso, pero no por lo de fuera, sino por lo de dentro. Para mí, la boda ha perdido un poco su idea de celebración de una nueva etapa de unos enamorados, para ser un acto bastante mercantilista, donde al final lo que más importancia tiene es ‘el sobre’. Muchos novios invitan a mucha gente que de otra forma no invitarían porque hoy se sabe que las bodas (al menos, el convite) se autofinancian con un margen de error de un 5% arriba o abajo. Es decir, que al final, los novios no invitan a absolutamente nada porque lo pagan todo los invitados y los padres. A algunos les parece el negocio de su vida, y a mi me parece una frivolidad. Sobre todo porque ya incluso está ‘estipulado’ el regalo que te tienen que dar, que no puede ser menos que lo que cuesta el ‘cubierto’, claro. Con lo que si alguien no puede permitirse darte 200 o 300 euros por cabeza (si se elige un sitio bien ostentoso), mejor que no aparezca por tu boda, por qué? porque te deja una ‘deuda’.
Pero lo triste es que al final, todos entramos en ese juego. En mi boda hubo el doble de gente de la que a mí me habría gustado para compartir ese día. ¿Por qué? Por no disgustar. Por no entrar en más discusiones. Pero yo seguiré defendiendo a los novios que no dan su brazo a torcer y sólo invitan a quién a ellos les parece bien, y dando el gusto a sus padres hasta un punto razonable. Porque al fin y al cabo se casan ellos, no sus padres ni sus suegros ni nadie, ellos. Y un día tan especial en la vida tendría que ser tal y como uno lo sueña. Sean 40 o sean 400 los invitados.
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