Regalos
Ayer recibimos nuestro último regalo de boda
en realidad, nos lo habían regalado mucho antes. Es un plato de artesanía, muy bonito, que hace de recordatorio del enlace. Vienen los nombres, la fecha, la dedicatoria de los que regalan, los apellidos y los escudos de los apellidos, y por lo visto es algo muy típico del pueblo de nuestros amigos, y no sólo se hace para bodas, sino también para nacimientos, comuniones… Tardaron un poquito más en dárnoslo definitivamente porque habían escrito mal mi apellido (un poco complicadito), y lo llevaron a corregir. Pero ya lo tengo en casa
Hablaba yo con la que tuvo la idea de ese detallito, que estábamos de acuerdo en que aunque de un tiempo a esta parte se tienda a regalar en dinero en las bodas, no dejaba de parecernos algo un tanto frío, y que a las dos nos gustaba buscar un detalle aparte del ’sobre’, algo que cuando los novios lo vean en su casa, o lo utilicen, les recuerde a la persona que se lo regaló. El dinero es práctico, pero impersonal, y a las dos nos gusta la idea de las pequeñas cosas que hacen una diferencia. Ahora yo recuerdo ese picardías negro precioso que mi hermana pequeña me regaló a ‘regañadientes’ con su paga
(porque la obligó mi madre jajaja), un juego de té super original que me regaló mi otra hermana, de estilo japonés; una cajita de plata labrada muy bonita que nos regaló mi cuñada, para guardar las arras; los anillos de mi abuela que me regaló mi padre antes de salir para la iglesia; la vela de la unidad que me envió Azucena desde Estados Unidos; las cestas que la abuela de mi marido adornó, y el cojín para los anillos que hizo a mano, a juego con las cestas; una carabela de plata con nuestros nombres grabados y la fecha, que nos regalaron Nono y Toñi… y algún otro que me dejo y no desmerece, desde luego
A un amigo mío, que hizo la mili en Ceuta, le regalamos un juego de té árabe, con su té pakistani y todo, que dicen que es afrodisíaco (y puede ser, porque lleva canela y está riquísimo)
y le ha debido hacer efecto, porque van por el tercero!. A mi hermana, dos láminas de Klimt, que nos encanta a las dos. A Inés, una mantelería tipo rústica, que me gustaba mucho, porque su madre me dijo que no tenía…
En fin, que siempre hay algo con lo que poder acertar. Y algo que te molestes en saber si tienen o no, porque espero que ya haya pasado a la historia la típica boda en la que te juntabas con tres cafeteras, dieciséis mantelerías y veinte juegos de toallas. Y aquella mítica yogurtera, de los años 70?!
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